Hace tres años que cumplo con esta hermosa labor que llevo en la sangre: informar a la gente. Y hoy me doy cuenta que es verdaderamente lo que me gusta hacer. Empecé como pocos, los que hoy son buenos periodistas, de abajo, recorriendo las calles, caminando, conociendo cada rincón de la ciudad, hablando con la gente, escuchando cómo sienten y cómo piensan. Pero, como lo deben suponer, al principio muchos no me atendieron o me tomaban el pelo, porque claro: “qué va a saber de periodismo una pendeja inexperta”. Sin embargo seguí y reconozco que muchas veces quise dejar todo, porque no encontraba nada, porque no veía la nota para poder escribir. Pero, a la vez, tuve la posibilidad de estar en radio, participar en un semanario, y seguir con mi trabajo en la web de La Voz de Cataratas, porque así empecé. Y aunque al comienzo aseguraba que lo que yo hacía en la calle, lo hacen los que no saben nada, y que “los buenos” están en los estudios y “son los conocidos”, hoy puedo asegurar que este trabajo que nadie ve, no lo hace cualquiera, o mejor dicho: no lo sabe hacer cualquiera.
No sabía escribir, pero continué igual, “le metí para adelante”, y todo sirvió y sirve para seguir formándome como una profesional. Durante mi carrera tuve y tengo la posibilidad de estar justamente en un medio, que les puedo asegurar es el más exigente de todos, porque lo dirige una profesional y periodista de alma, que la única tarea que tiene es contar todo lo que sucede, pero de la manera más responsable y más clara posible.
Pero no solo la “calle” nos hace buenos profesionales, sino también el hecho de haber pasado por una formación académica. Porque eso nos da el conocimiento y la formación sistemática que muchos equivocadamente creen tener por el simple hecho de “estar en algún medio”. Algunos hasta se hacen llamar periodistas sin haber jamás entendido la frase “ética profesional”, sí, esa que nos ayuda a manejarnos en el largo camino de la veracidad y el compromiso con la profesión y la correcta información.
El problema surge cuando nosotros los periodistas debemos trabajar rodeados de personas, trabajadores de medios (digo así para no herir susceptibilidades) que no tienen ni la más mínima idea de lo que es la Ética Profesional, personas que no saben cómo y cuándo aplicarla, aunque pueden dar un supuesta cátedra sobre su significado. Esto hace que muchos lectores nos encierren en una misma bolsa a todos, como a los políticos por ejemplo, o a todos los hombres, o todas las mujeres.
Hoy me doy cuenta que lamentablemente, justamente porque los medios de Iguazú no están dirigidos por profesionales, se dice y se escucha cualquier cosa. Cada uno demuestra en cierta forma “para qué lado tira”, desacreditando muchas veces y haciendo creer al público, ya sea oyente de radio o lector, que “saben de lo que hablan o se las saben todas”.
Hay algo muy simple que se llama Fuente, eso que aprendemos en primer año de la facultad (los que fuimos y aprendimos) Fuente de Información: personas, libros, artículos de otros medios, investigaciones, ensayos, a los que un periodista recurre para dar a conocer cierta información. Y justamente en esto tan básico es donde se presenta el problema: no todos los trabajadores de medios saben de esto y no todos lo utilizan, y mucho menos lo utilizan correctamente, en pocas palabras: no todos son éticos.
Si bien trabajamos en una ciudad muy chica, en donde día a día luchamos para tener la primicia —algo totalmente aceptable— también tenemos la posibilidad de vivir en un lugar muy rico en información, en donde con solo un abrir y cerrar de ojos podemos escribir y hablar de cosas maravillosas, sin pisar ni copiar al otro.
Para esto quiero recordar una de las primeras enseñanzas que me brindó Kelly Ferreyra (hoy mi directora): “un buen periodista no es aquel que informa lo que ya se sabe, sino aquel que está constantemente buscando información, aquel que con una sola foto arma una nota, aquel que mira e interpreta todo lo que pasa a su alrededor” y eso quiere decir TODO, porque cada uno tiene su mirada de la noticia. Unos, lo que no entienden el concepto de NOTICIA, buscan chismes; otros buscan “lo malo”, otros “lo que vende”, otros se presentan o andan “por ahí” solo para hacerse ver como “prensa”, y en nombre de ella hacen y dicen cualquier cosa, sin tener datos concretos sin consultar fuentes seguras, y hasta critican a sus propios colegas sin salir del estudio.
Hoy puedo decir que aprendí, e hice lo que me enseñaron, y gracias a eso hoy puedo asegurar que mi trabajo no consiste en copiar. Es muy fácil copiar y pegar.
Mi trabajo, al igual que el de las personas que trabajamos en este medio, consiste en sentarnos todos los días a armar lo que se llama “agenda setting”, en donde anotamos todas las ideas que se nos ocurran, personas para entrevistar, temas inconclusos, datos, estadísticas, números, y siempre con la característica de inéditas, o nuevas como quieran llamarla, para informar a nuestros lectores. Y si bien cada uno de nosotros tiene su trabajo en el grupo de La Voz, porque somos tres, y los tres trabajamos como locos, yo también salgo a recorrer la ciudad como notera. Y no importa si llueve, hace frío o mucho calor, la información no espera. Desde horas muy tempranas voy buscando a los principales actores que pueden brindarme información sobre lo que nos interesa como medio. Y la verdad les cuento, y ustedes lo pueden comprobar, todo nos interesa, sea del partido o la condición que sea, nosotros informamos.
No hay nada que me pare, paso calor, frío, si llueve me mojo, me enfrento con los diferentes humores de los entrevistados, no tengo horarios, no tengo un circuito establecido, y por sobre todas las cosas, tengo la idea y la pauta concreta de lo que salgo a buscar: información.
No me quejo de hacer todo esto, no busco que me tengan lástima, tampoco me cansa porque alimento mis conocimientos. Pero lo cuento, porque hoy siento que no se valora el trabajo del periodista profesional de un medio que llega a tener 6 mil visitas por día, que es un referente periodístico de la ciudad y la provincia, y por qué no del país, muchos de otras provincias nos consultan datos, COMO CORRESPONDE, mientras algunos “colegas” se sientan a leernos como si la noticia la trabajaron ellos, y en ningún momento mencionan la fuente o se dedican a repetir un tema instalado por otros sin darle la perspectiva local que CORRESPONDE. Y lo que es peor sin ningún tipo de vergüenza en la cara, comienzan a leer y armar su agenda del día, en base al trabajo de 3 (tres, sí leyó bien, tres) personas que se quedan hasta tarde en la noche trabajando.
Y además lo cuento porque así es fácil, llegar al estudio y leer los diarios, sin muchas veces tener idea del trasfondo y contexto (¿conocen estos conceptos?) del tema publicado, y opinan como si fueran grandes investigadores. Pero la gente (los lectores, escuchas) sabe que así se pierde credibilidad, y ni hablemos de la ética. Muchos medios publican fotos sin el crédito del que se las envió, porque hoy por hoy recorrer Internet es fácil y se encuentra de todo. Si nos dedicamos a copiar, significa que no somos capaces de armar algo propio o de generar información, algo con el sello del estilo y edición que nos identifican.
La situación cambiaría un poquito si estas personas nombran la fuente de información a la que recurrieron, pero no es así, y se cometen todos los errores posibles que un buen profesional en periodismo no lo haría jamás.
Pero al mismo tiempo que siento impotencia, hay algo que me reconforta mucho, y es el darme cuenta que si alguien utiliza nuestra agenda significa que lo estamos haciendo muy bien, y eso es importante. Y que usted, lector, lo sepa mucho mejor.
martes, 7 de abril de 2009
lunes, 23 de marzo de 2009
Un Mate y Un Amor

Lalo Mir en el programa 'Lalo Bla Bla' Radio Mitre (ARGENTINA)
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.Es más bien una costumbre, como rascarse.El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.En verano y en invierno.Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:'Como tomes vos'.Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.La yerba no se le niega a nadie.Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.No es casualidad. No es porque sí.El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.Es el compañerismo hecho momento.Es la sensibilidad al agua hirviendo.Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.Es la modestia de quien ceba el mejor mate.Es la generosidad de dar hasta el final.Es la hospitalidad de la invitación.Es la justicia de uno por uno.Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir. ¿TE SENTISTE INCLUÍDO?....Compartilo entonces con quienes alguna vez tomaste un mate.
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.Es más bien una costumbre, como rascarse.El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.En verano y en invierno.Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:'Como tomes vos'.Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.La yerba no se le niega a nadie.Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.No es casualidad. No es porque sí.El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.Es el compañerismo hecho momento.Es la sensibilidad al agua hirviendo.Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.Es la modestia de quien ceba el mejor mate.Es la generosidad de dar hasta el final.Es la hospitalidad de la invitación.Es la justicia de uno por uno.Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir. ¿TE SENTISTE INCLUÍDO?....Compartilo entonces con quienes alguna vez tomaste un mate.
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